Conexión con los animales

En 1925, tras la muerte del doctor Hidesaburo Ueno, su perro Hachiko tomó la firma decisión de volver a la estación de tren de Shibuya donde cada día se despedía de su amo. Vivió en dicha estación durante diez años hasta que murió en 1935 enfermo y hambriento, pero manteniéndose fiel a la memoria de su mejor amigo.

Hachiko

Las historias relacionadas con la conexión especial entre los animales y los humanos se cuentan por miles, pero no solo tienen como protagonistas a los perros. Leones, pingüinos, caballos, urracas y animales de muchas otras especies crean vínculos emocionales con sus cuidadores hasta el punto de dar su vida por ellos.

Pero esta es una relación bidireccional. Hace unos años, en Sitges, me contaron la historia de una pareja que se había lanzado a las aguas embravecidas del Mediterráneo, en un día de bandera roja, porque su perro, ajeno a esta advertencia, había decidido nadar un rato entre las olas. Ambos murieron para salvar a su mascota.

Los animales son cruciales en el mundo mágico y de fantasía que tanto significa para nosotros. No hablo solo de las figuras, quizá mitológicas, de los dragones, los unicornios o las serpientes aladas. También hablo del poder mágico que durante siglos se le ha atribuido a diversos animales. Por suerte para nosotros y para dichas especies, la sangre de murciélago, los ojos de tritón o la piel de la serpiente han quedado guardadas a buen recaudo en el almacén de recuerdos de la literatura de ficción.

Miles de personas trabajan cada día por todo el mundo para ayudar a unos seres indefensos y que, en muchos casos, se ven desprotegidos ante la avaricia humana y la necesidad de enriquecimiento de la especie sin escrúpulos por excelencia: la humana. Por suerte, esas personas que han decidido darlo todo por otros seres luchan hasta la extenuación por proteger la vida de los más débiles. Algún día nos daremos cuenta de que este mundo es de todos los que lo habitan.

Desde el mundo de fantasía de Kairon, cuna de infinidad de animales mágicos, queremos alabar a todas esas personas que, en infinidad de ocasiones, se juegan la vida sin importarles su propia integridad. Da igual que la labor sea en el polo norte defendiendo a los pingüinos, luchando en mitad del Atlántico por la vida de las ballenas, salvando a koalas y canguros de los incendios australianos o en una clínica veterinaria del centro de cualquier ciudad.

Lo importante para nuestros vecinos, que comparten con nosotros un mundo maravilloso llamado tierra, es que seamos conscientes de que no viven para servirnos, sino para ayudarnos, acompañarnos, alegrarnos y, en la mayoría de los casos, para dar sentido a nuestras vidas.

Desde aquí quiero aprovechar para hacerle llegar un beso cargado de amor a un pastor belga que me acompañó durante diecisiete años y que me dio mucho más de lo que nadie podría haber llegado a imaginar. Allá donde estés, nunca te olvidaré, Bily.

Mi querido Bily.

Y a todos aquellos que han decidido que hoy es un gran día para comenzar a valorar de verdad a nuestros amigos lo animales y a todos los que ya lo hacen… un millón de gracias.

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